Cuando los padres no aprueban tus amores

LA COMUNICACIÓN ES LA CLAVE PARA SALIR AIROSOS DE ESTA SITUACIÓN
 

Con la llegada de la juventud, los muchachos y las muchachas comienzan a compartir algo más que tareas escolares o juegos de adolescentes. Las relaciones que inician con la experiencia del primer enamoramiento, a veces llevan a las parejas de jóvenes a presentar ante sus padres una decisión con alto contenido de  responsabilidad: el noviazgo formal.

Si los padres aprueban los “amores”, el noviazgo puede convertirse en la antesala de un futuro matrimonio. Pero si uno solo de los progenitores presenta oposición ante la relación sentimental, los enfrentamientos entre padres e hijos podrían  desembocar en un conflicto familiar.

Ernesto Féliz y Esther Pérez conocen bien esta situación de impedimento.

Hace más de 25 años, en Barahona, la madre de Esther no terminaba de aceptar la relación de su hija con el joven sastre del pueblo. Así que los “besitos” de la pareja debían producirse en la clandestinidad. Ernesto cuenta que tuvo que esperar unos cuatro años para poder conseguir casarse con la mujer con la que hoy tiene cuatro hijos y una pequeña nieta que no cambia por nada del mundo.http://fjnavas.wordpress.com/wp-includes/js/tinymce-184/plugins/wordpress/img/trans.gif

Aunque esta pareja consiguió llevar sus “amores” a feliz término, no todo el mundo cuenta con esta suerte. Muchos jóvenes terminan frustrados cuando sus padres persisten en determinar con quién “pueden” o “no pueden” entablar una relación sentimental -a veces con razones muy válidas y otras veces por simple prejuicio-.

El psicólogo familiar Salvador Estepan se ha topado en muchas ocasiones con este tipo de casos. Explica que la tendencia hacia la heterosexualidad, es decir, la inclinación o atracción que puede sentir un joven o una joven en un tiempo determinado hacia el sexo opuesto, es normal. Y partiendo de este punto, los padres que ya pasaron esta etapa deben respetar esta tendencia que es natural en los hijos, y que además es parte del proceso de dejar de ser niños y convertirse en personas adultas.

El psicólogo sostiene que la comunicación previa que entablaron los padres durante la niñez y la adolescencia con los jóvenes es determinante en este tipo de situaciones. Cuando empieza el proceso de enamoramiento se necesita un mayor acercamiento entre  padres e hijos a fin de que los papás estén atentos a lo que está pasando y que los hijos “a su vez, tengan la confianza de comunicarles lo que sucede”.

Explica que si existe esta  base en la relación, los padres  tendrán la oportunidad de poder influir sobre las decisiones de sus hijos y dar un consejo oportuno y preventivo a sus vástagos. Sin embargo, si no existe un trato fluido, esto puede convertirse en un obstáculo para que los padres entiendan lo que están pasando, algo que dificulta la ayuda que los padres pueden dar a sus hijos.  

“Ahora ¿qué puede pasar? Que los padres traten de impedir cualquier relación de forma autoritaria, lo que provoca que el adolescente, que está en una época de búsqueda y de crisis por lograr su identidad, entre en rebeldía, lo que aumenta la distancia entre ambos”, dice.

En este caso, Salvador Estepan sugiere que los padres que tienen ese problema y no han tenido una buena comunicación con  sus hijos deben buscar ayuda profesional o consultar a personas que les puedan aconsejar sobre qué medidas tomar ante esta realidad  y nunca actuar de modo propio “tratando de resolver una situación para la cual ellos no están preparados”.

El psicólogo insiste en que el fundamento para enfrentar estas situaciones es una buena comunicación y que para esto el padre y la madre deben estar sincronizados.

A pesar de que el joven esté muy convencido de lo que plantea y cree que es quien sabe del mundo, también debe cuestionarse y mostrar una actitud abierta para analizar las opiniones que tienen las personas adultas y de quienes más lo quieren para tomarlas en consideración aunque  tenga que tomar sus propias decisiones. De todas maneras, deben tener cierta apertura para por lo menos tomar en consideración la  opinión de los padres.

Rafaela Burgos, psicóloga y terapeuta familiar, concuerda con el criterio expresado por Salvador Estepan de que lo más importante en una situación similar es tener una comunicación abierta y respetuosa, y añade que otro factor determinante es el establecimiento de condiciones claras sobre las cuales se manejará la relación.

“Los padres pueden mantener su distancia respetuosa y adecuada pero no tienen por qué involucrarse emocionalmente con una persona que para ellos no es satisfactoria o que no les agrada. Ellos no tienen derecho a terminar la relación, pero sí pueden elegir involucrarse más allá de lo cortés y de lo razonable con esa persona”, dijo.

Vía | Listín Diario

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vía | Listín Diario

 

 

 

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