Pastillas milagrosas para engañarnos

¿Es bueno o malo tomar medicamentos? Dependiendo de la patología, será más o menos efectivo. Hay situaciones las que un medicamento es el mejor método. Por ejemplo, frente a un dolor de cabeza un paracetamol o aspirina actúa frente al foco de dolor. Normalmente el dolor de cabeza se sufre por una acumulación de tensión, con lo que el problema está localizado y asociado a la sintomatología. Ergo, paracetamol es un remedio efectivo, siempre y cuando se trabaje en revertir esos niveles de tensión que la provocan. Sino, estamos condenados a tomar un paracetamol a diario. En este caso, ¿qué causa el dolor de cabeza? ¿La tensión? No, nuestro ritmo de vida.

Algo idéntico sucede en los problemas de ansiedad. Muchas personas creen que la mejor forma de combatirla es tomando un medicamente, normalmente un ansiolítico recetado por un médico de cabecera. Esto no es una solución, sino un parche. El ansiolítico reduce tu nivel de activación pero no actúa sobre lo que lo causa. Si tienes un problema de ansiedad, tratar de resolverlo tomando medicación únicamente es como tratar de matar una mosca a cañonazos. Poca efectividad.

Desde mi experiencia y opinión, los casos de ansiedad pueden solucionarse sin medicamento alguno. Se puede utilizar un ansiolítico, infusiones naturales tales como la tila o similares para reducir los niveles de ansiedad tras un pico que ha provocado una acentuación de la sintomatología, no obstante, no es imprescindible. Es habitual el elevado porcentaje de casos de ansiedad que se sustentan sobre una errónea gestión de los acontecimientos vitales, normalmente concentrados en escasa capacidad para imponer límites.

Esa sensación de que no hay un límite que me protege, de que cualquier situación me puede atacar o “arrollar” es lo que fomenta la activación, el tener que estar siempre a la defensiva frente a lo que esté por venir ya que no me siento seguro. Esto correlaciona con el estar siempre preocupado por algo. Conocerás a personas que jamás están libres de preocupaciones, incluso aunque resuelvan un problema relativamente grave para ellos/as, rápidamente ocupan su mente en otro tipo de preocupación. Este es un rasgo inequívoco de que esta persona es una acumuladora de tensión. Esa acumulación desemboca en una explosión de la misma que puede tomar diversas maneras: contra uno mismo, contra los demás, contra el mundo en general fomentando la incontrolabilidad que alimenta mi ansiedad, etc.

Soluciones: terapia. Es un método comprobado de alta efectividad para hacer frente a una situación ansiógena. Los caminos cortos, los atajos, no existen. Por eso, tomar un medicamento para lograr tu objetivo, algo que debería ser fruto de tu esfuerzo, es una forma de no responsabilizarnos, de dejar en manos del destino al que culpamos de nuestros problemas la resolución del mismo.

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