¿Qué dicen nuestros kilos de más?

Cada cuerpo presenta su propia particularidad de funcionamiento y de intercambio con el entorno, por eso no siempre lo que resulta efectivo en uno, no resulta en el otro o la respuesta no es tan inmediata.
Al hablar de “kilos demás” es sobre la base de peso y talla, como una guía aproximativa para establecer el índice de masa corporal que será un indicador de medidas de sobrepeso u obesidad.

A la hora de evaluar esto es útil tener en cuenta que los “indicadores” aceptables de modelos o ideales corporales están impuestos por esquemas o patrones sociales que nos indican qué determinado prototipo de imagen y de cuerpo es el aceptado, bonito, valorado y apreciado y que por lo tanto, cualquier cuerpo que desajuste esa imagen atenta directamente a un esquema psicológico de aceptación que conlleva detrás una gama de estados como ser depresión, ansiedad, desgano, soledad, etc. Es así, y a partir de esto que se genera una actitud hacia la comida que va más allá de la búsqueda de la salud y recae en dietas constantes, subidas y bajadas de peso, atracones de fin de semana y entonces, se come por no verse bien y también se come por verse bien. El gimnasio o el deporte también pasa a ser parte de aproximarse a esos modelos

El aumento de puestos de venta de comida es otro indicador que la relación con la comida ha cambiado hacia un consumo más de tipo adictivo y no por nutrición propiamente dicha. En esa escala entran las famosas pastas, dulces y grasas menos refinadas.
Entonces hablamos de ¿cuál es la actitud que nos lleva a la comida y qué significado psicológico puede ser develado detrás de la grasa corporal?
Para responder a esto es necesario integrar al cuerpo como una expresión simbólica de nuestra psique y entender que los síntomas son expresiones y señalamientos del campo psicológico. Cuerpo y mente son manifestaciones de una misma cosa ya que mente y materia son lo mismo, la mente es la antesala.

Por lo tanto el cuerpo constituye las huellas de nuestra vida síquica y es un identificador de nuestras actitudes… “anoche me comí la heladera” “estoy cansada de hacer dietas y matarme en el gimnasio” “baje un tiempo de peso, pero subí el doble” “aprovecho los fines de semana para comerme todo”; de esta manera la grasa acumulada es un indicador de que hay algo disfuncional entre la comida y la persona.

Hay personas que establecen una relación pasional con la comida, entonces llevarse el alimento a la boca es más que alimentarse, comer también es llenar un vacío emocional, es sentirse querido y acompañado y por lo tanto su privación genera sensaciones de frustración, rabia e impotencia.

La grasa demás protege de aquellos temores, inseguridades y resguarda “evitando” de todo contacto físico. En este caso, no es de extrañar que algunas personas que fueron abusadas en su infancia, se hayan refugiado en la comida, creando a través de la gordura una verdadera coraza corporal.

Hace unos días estuve por una librería, mirando, buscando algún título que me interesara. Creo que cuando adquirimos un libro lo hacemos de acuerdo a nuestro estado de ánimo, satisfaciendo lo que nuestras almas requieren. Ese es mi caso.

En uno de los anaqueles del lugar, me llamó la atención el ejemplar de una obra dirigida a las mujeres, escrita por mujeres cuyo contenido tiene que ver con las vicisitudes de la vida femenina. El título: La vida te despeina. Ese título, debo reconocerlo, me descalabro completa y llegó hasta el alma.

En esos últimos días vientos de todas las direcciones y con diversas intensidades, ocasionaban ciclones y tornados en mi interior. Y por más que trataba de peinarme, arreglar como fuera mi aspecto, el despeinado de mi alma era imposible de esconder, se reflejaba en mi rostro, en mis ojos.

El huracán que atacaba y amenazaba con volver a cada rato se erigía con un gran poder desequilibrante…producía miedo, tristeza, confusión, desaliento, ansiedad, una tremenda necesidad de protección y seguridad.

Esa es la esencia de una mujer. Vive en su interior tormentas fuertes, vientos que conmueven todo, que estremecen cada parte del cuerpo y por sobre todo, del alma y aún así sonríe y tiene esperanza para los demás.
Hay veces que daríamos lo que fuera porque esos aires enardecidos nos lleven consigo…Es que cuesta mantenerse en pie y encima, correctamente peinada.Sin embargo, siempre hay algo por qué luchar, algún vericueto del corazón que nos fortalece y hace que nos levantemos a enfrentar el viento, a superarlo e incluso a veces apreciarlo…

La vida realmente te despeina…y generalmente muy a menudo…Admiro a las mujeres que tienen la fuerza para enfrentar a ese viento y dejarse despeinar…¿la razón? ¡Es sencilla! si se nos mueve el peinado perfecto, tenemos la posibilidad de hacernos uno aún mejor y conocer más profundamente la esencia de nuestras almas.

Por otro lado, ante la posibilidad de un futuro despeinado, nos abocamos a vivir con intensidad mientras tengamos el peinado y a prepararnos para el siguiente. Con cada nuevo tornado, existe una nueva posibilidad de cambio, de renovación y redención interior…
Ese ciclón, con diversas tormentas que anda rondando por mis cabellos me ha enseñado mucho sobre mí…me ha obligado a hurgar en mi interior en busca de soluciones. A canalizar los conflictos y a determinar qué realmente merece un nuevo peinado y qué no…
Me encanta que la vida me despeine…cuanto más despeinados, mejor, pues mis manos arreglan mi cabello, me involucro y no busco tener una perenne perfección exterior que sólo me hace infeliz…me conozco, me reconozco y aprendo a quererme y aceptarme tal cual soy…
Sinceramente, tengo compasión de quienes muestran un peinado perfecto siempre, como si nada las afectara, como si todo fuera bello…nada más alejado de la realidad y demostrativo de la pobreza de nuestras almas y de lo limitado de nuestros recursos y posibilidades…¡¡¡perdemos tanto cuando tratamos de estar perfectas siempre!!!
Deseo seguir ganando, aunque con despeinados…al fin de cuentas en el maravilloso recorrido de la vida lo último que importa es cuan arreglados tenga el cuero cabelludo, sino la profundidad del alma, la sinceridad del corazón y la intesidad de una vida bien vivida…
La consigna entonces es…¡¡¡BIENVENIDO EL DESPEINADO!!!

Vía | Revista Zeta

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