La mala educación no verbal

Este post que tiene nombre de película de Almodóvar trata de lo importante que es el “cómo” en las relaciones humanas, situándose en ocasiones por delante del “qué”. De hecho, hay ocasiones en las que una mala ejecución no verbal puede interpretarse como resultado de una mala educación.

Socialmente estamos educados (programados si te gustan los términos de PNL) para pronunciar palabras que acaricien los oídos de quienes nos escuchan. No está tan extendido hacer esto de un modo adecuado en cuanto a proxémica, paralingüística y kinesia, los ejes de estudio del lenguaje no verbal. Esta falta de acompañamiento produce en múltiples ocasiones escenas en las que el emisor no consigue conectar con su receptor y/o escenas en las que el receptor no se siente atendido por el emisor.

Con la intención de que tomes consciencia de la importancia de una buena “educación no verbal” en la sociedad expongo 3 ejemplos fácilmente observables.

CASO 1: HACER EL VACÍO NO VERBAL

chica-aislada

Dos personas están hablando y de pronto una tercera se acerca. Esta tercera es más afín a una de las dos que hablaban, por lo que se acerca y saluda efusivamente a su amistad. Mientras tanto, la persona que “queda descolgada” después de que interrumpan su charla busca con la mirada a quien acaba de entrar en escena. Sin embargo, la tercera no atienda a nadie más que a su amiga hablándola y mirándola fijamente. Tras un rato de espera la “persona descolgada” deja de esperar la mirada de saludo de quien acaba de llegar. Finalmente, cuando la conversación entre las dos personas llega a un punto muerto la última en llegar saluda a quien fue interrumpida por ésta. Sin embargo, no le devuelve el saludo. Se siente ofendida por haberla ignorado durante tanto tiempo.

Teóricamente están todos los elementos para hacer una comunicación efectiva: saludos a ambas partes y afinidad con al menos una de ellas. ¿Qué ha fallado? Claramente el timing a la hora de gestionar los saludos y las postura no verbal de exclusión brindada  por quien llega hacia una de las partes que anteriormente estaba en escena.

Una persona que se siente interrumpida lo último que necesita es ver cómo pierde cualquier tipo de interés por parte de la persona con quien estaba hablando y con quien acaba de llegar. Esa sensación de invisiblidad forzada no es agradable. El antídoto para esto es saludar a todas las personas simultáneamente o en orden de afinidad de un modo consecutivo.

No verbalmente, el comportamiento explicado en el ejemplo es totalmente descortés y signo de falta de interés. Por tanto, está justificado que genere una impresión errónea en quien se siente ninguneado.

CASO 2: EL ESPÍA FISGÓN

Espiando

Caminas por la calle y las personas con las que te cruzas te miran fijamente a los ojos, tratando de identificarte. Conforme os aproximáis esa mirada se hace más penetrante y lejos de quitarte la vista de encima te observan más fijamente, tratando de captar el detalle antes de que quedes fuera de su campo de visión. Lo curioso de esta conducta es que sólo se orienta la mirada hacia el foco de interés, disimulando corporalmente adoptando una posición propia de alguien que camina hacia adelante sin nada interesante a su alrededor. Sobra decir lo ridícula que resulta esta conducta conforme se aproximan ambas personas ya que se observa a una persona orientada hacia adelante pero con la mirada totalmente girada hacia un lado para fijarse en otra persona.

Es en mi opinión uno de los comportamientos asociados a núcleos pequeños de población, donde quien camina no es anónimo sino el “hijo de”, “vecino de”, etc. Ese deseo de saber del otro refleja este comportamiento centrado en registrar toda la información de quien aparece en el campo de visión.

He podido comprobar cómo este maleducado comportamiento no verbal se corta mirando fíjamente a los ojos a la persona que te observa. Rápidamente se vuelven conscientes de lo incómodo que resulta estar sometida a un examen visual intenso. El caso del cazador cazado.

CASO 3: MENTIRA PIADOSA

el-peor-regalo

Ejemplo prototípico que comento en todos mis cursos: te hacen un regalo que no te gusta pero por educación dices “Me gusta” mientras que tu expresión facial, entonación, ritmo al hablar y posición corporal no expresan alegría.

Este comportamiento está estandarizado y aceptado en nuestra sociedad. De hecho, es habitual que esta escena se produzca en situaciones sociales y que en círculos íntimos se comente que claramente ese regalo no le gustó a determinada persona.

Mi pregunta es: ¿Por qué tanta gente se preocupa de ocultar algo obvio? ¿Por qué da tanto miedo decir la verdad?

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