Querer es amar y odiar

Esta mañana me he cruzado con una chica de esas que a simple vista lo tienen todo: belleza, simpatía, juventud y un porvenir sin límites. Sin embargo, ella se quejaba de que todo le iba mal. Se quejaba sobre todo de que mucha gente le había fallado y de que todo le daba igual.

Es en este punto donde me ha dado la risa. Su cara (y su gesticulación) era un poema. ¿Acaso esperaba que me echara a llorar? Todo lo contrario. Me ha resultado muy gracioso que dijese que ella no quería a una persona central en su familia cuando no hacía más que hablar de lo mucho que le molestaba esa persona.

Amor y Odio... dos caras del QUERER

La “gracia” reside en que ella no se daba cuenta de que no hace otra cosa que querer a esa persona. Cierto es que esa persona no la dice lo que quiere oír, la hace comentarios desagradables, puede llegar a insultarla e, incluso, la “nomina” a abandonar su hogar cual concursante de Gran Hermano cuando se le antoja.

No es menos cierto que esta misma persona la habla en el idioma que le es más sencillo: unos días después de la “nominación” le habla como si no hubiera pasado nada, intenta obsequiarla a través del estómago con sus platos favoritos y la muestra su cariño a través de su atención persistente e invasiva.

Muchas veces no nos hablan en el idioma del cariño, de las buenas palabras o del no gritar, pero eso no excluye que se actúe con amor. El amor, siempre que existe, sale, tanto en positivo como en negativo. En positivo saldrá en forma de “querer” y en negativo en forma de “odiar”. ¿Qué tienen en común el amor y el odio? Que en ambos se está queriendo.

Hay un refrán que dice que es mejor haber amado y haber perdido que no haber amado jamás. En esta misma línea tendría que haber otro refrán que dijese: “Alégrate de haber amado y de haber odiado, porque en ambos casos has querido”.

Sólo te dolerán los actos de aquellas personas a quienes quieras, sólo odiarás a quien tengas en estima, sólo correrás riesgos con quienes crucen tu escudo y sólo podrás querer a quien te pueda hacer daño y a quien puedas odiar cuando te falle. La gente que nos es indiferente no son más que figurantes, mientas que quienes nos hacen querer y odiar son los actores principales de nuestras vidas.

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