Deportistas que se suicidan o se arruinan. Más normal de lo que piensas.

Salta la noticia de la muerte de Yago Lamela. Aún si revelarse las causas del fallecimiento todo apunta al suicidio. Años atrás había atravesado por varios episodios depresivos de los que aparentemente se había curado. Los hechos parecen demostrar que no fue así, al menos del todo.

Este suceso es otra muestra más de la sociedad de ídolos rotos en la que vivimos. Adoramos a deportistas profesionales pero, ¿están ellos preparados para el éxito? ¿El peso de las expectativas depositadas sobre ellos no son un arma que juega en su contra?

Un entorno que alimente el ego del deportista le convierte en esclavo del resultado. Si no logra un buen rendimiento el entorno no le refuerza. Independientemente de que el entorno haga lo que haga, si él percibe que toda su valía va de la mano de sus marcas deportivas estaremos alimentando una creencia limitante que es capaz de llevar una vida por delante: “Si no soy el mejor no merezco la pena”.

Pero no hace falta llegar a una muerte para darnos cuenta de que algo está mal en el mundo del deporte profesional. ¿Cuántos deportista profesionales se arruinan a los pocos años de retirarse? Hablamos de deportistas que acumulan verdaderas fortunas a edades muy tempranas y que no están preparados ni para el éxito ni para gestionar un patrimonio de tal magnitud.

El documental “Broke” describe perfectamente el doloroso recorrido existencial de quienes han pasado de ser ídolos a verse en bancarrota en muy pocos años, obligados a bañarse en el asombro del gran público cuando ven que un ídolo de hace muy poco tiempo es ahora “uno más”.

Endiosamos a los altares y bajamos a los infiernos. Los ídolos no tienen término medio. Si acaso, el tiempo y el saber manejar una carrera proporciona la suficiente amortiguación para  no morir en el aterrizaje tras una carrera deportiva profesional.

La pregunta que debemos hacernos no es “¿Quién será el siguiente?” porque seguro que habrá muchos más casos de vidas estropeadas por el éxito. Debemos preguntarnos: “¿Cómo cambiamos el negocio?”. La NBA, por ejemplo, trata de cuidar al deportista mediante cursos para judadores de primer año en los que se les avisa de todos estos riesgos pero al final son ellos quienes hacen lo que desean con sus vidas, incluido tirarlas por el desagüe. Muchos agentes deportivos prestan asesoramiento jurídico para asegurar la bonanza tras la retirada, pero ninguna inversión es segura. Sin ir más lejos Pau Gasol perdió hace tiempo varios millones de euros en inversiones realizadas por sus antiguos agentes en su nombre, y eso supuso el fin de su relación contractual y búsqueda de nuevos representantes.

Pacers

Tan poco preparadas están las mentes de nuestros deportistas que sin ir más lejos esta misma temporada los Indiana Pacers han pasado de ser el equipo con el juego más sólido a jugar de modo lamentable y perder un número de partidos impensables. ¿Razones? Se han esgrimido 3:

  1. Problemas personales entre dos jugadores al realizar un trío con una animadora
  2. Problemas personales porque un jugador intimó con la novia de otro
  3. Rendimiento ínfimo de Roy Hibbert ante los celos que el entrenador realizó jugadas específicas para Bynum cuando lo ficharon.

Una franquicia NBA que mueve millones ha estado a punto de ver sus opciones tiradas al garete por causas personales. ¿A alguien más le choca que profesionales actúen de este modo? Mirándolo al microscopio debería chocarnos. Por desgracia estamos habituados a esta sinrazón en el mundo del deporte. No tiene pinta de que cambie la dinámica.

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