Pertenencia a un grupo: ventajas, inconvenientes, resistencia al cambio y similitudes con víctimas de maltrato

Estamos educados para encajar. Definimos “encajar” como la capacidad para ser similar a otros miembros de nuestro grupo de referencia. Al encajar en un grupo adoptas características de éste como propias y defines tus gustos en función de la definición que haga el grupo. Con el tiempo, la colectividad abruma a la individualidad pasando a ser definición de personalidad. Herramienta ésta perfecta para asegurar la pertenencia al grupo (“¿Qué soy si no puedo ser parte de…?”)

¿Qué ofrece un grupo?

Debilidades

  • Renuncia a la individualidad
  • Definición del “yo” a partir del “nosotros”
  • Pérdida de libertad y poder de decisión

Amenazas

  • Es cuestión de tiempo que los miembros del grupo comiencen a necesitar cosas nuevas que no les proporcione la colectividad
  • Los grupos son menos dinámicos que los individuos. Por ese motivo, pertenecer a un grupo incluye el precio de renunciar a una parte del “yo”, concretamente a la que desea

Fortalezas

  • Encajar, ser parte del paisaje, no desentonar y por tanto tener acceso a todos los recursos
  • Sensación de que estás en el sitio correcto
  • Idealización del entorno fruto de vivir en él experiencias agradables

Oportunidades

  • El grupo es una red de salvación, un flotador que sabes que te hará flotar cuando sientas que estás a punto de hundirte. Por este motivo muchas personas no lo abandonan (por miedo a perder ese apoyo). Nuevamente: “¿Qué soy si no puedo ser parte de…?”

El grupo generador de bienestar

Es aquel al que se llega a través de autoconocimiento y, previamente, malestar. Antes de saber dónde quieres estar debes tener claro dónde no quieres estar. A esta conclusión se llega a través del malestar por formar parte de un grupo con el que tu evolución como miembro no está acompañada de tu evolución individual.

En este tipo de situaciones el cambio es obligatorio. La generación de respuestas nuevas a partir de comportamientos diferentes es la garantía de conseguir esa novedad vital. Hay muchas opciones.

¿Qué 3 opciones hay para conseguir el cambio?

Solución inefectiva: aguantar

Embarcarse en un proceso de desgaste personal esperando que el tiempo se encargue de hacer lo que no tienes valor para hacer a día de hoy: generar un cambio.

aguantar

Este proceso es altamente inefectivo ya que, salvo sucesos imprevistos de alta magnitud, la tendencia de un grupo es a continuar en una dinámica similar de tipo creciente conforme pasa el tiempo. Por tanto, la inercia es a impedir cambios.

 

Solución efectiva a corto plazo e inefectiva a corto-medio plazo: abandonar el grupo y sentirse abandonado/a

Genera un bienestar inmediato ya que abandonas un contexto en el que experimentas altos índices de malestar. Por contra, te deja al descubierto de estructura protectora grupal, lo que conlleva la pérdida de características definitorias que hubiera aportado el grupo al “yo”.

abandono

Es habitual cuando una persona abandona un grupo tras mucho tiempo (por ejemplo: quien se jubila tras haber trabajado todo su vida en un mismo puesto de trabajo o empresa) se siente desidentificado, experimenta la sensación de no saber quién es. En este caso la pertenencia al grupo ha cubierto áreas personales que no estaban definidas en su momento, sirviendo de parche. Una vez quitado ese parche la desidentificación personal y sensación de estar desprotegido/a viene como consecuencia de sentir esa herida abierta anestesiada durante tantos años.

 

Solución efectiva a corto, medio y largo plazo: buscar el cambio desde el “yo”

El ojo inexperto puede percibir que esta opción es idéntica a la inefectiva y que básicamente consiste en aguantar. Ni mucho menos.

Quien aguanta se coloca anestesia, decide qué cosas desea no ver para evitar sentirlas y trata de caminar hacia adelante con una mochila repleta de piedras a sus espaldas. Obviamente, con ese peso no llega lejos y el desgaste es enorme.

Quien toma la solución efectiva lo que hace es mirar de frente a aquello que le está generando malestar dentro de ese grupo, trabajar desde el malestar para ser consciente de él y a partir de ahí construir en la medida de las posibilidades del entorno y del grupo.

Identificando si es posible un cambio dentro del grupo y a qué nivel, identificando si es más factible el cambio personal en la percepción del grupo, identificando si la percepción negativa del grupo nace de la ineficiencia de éste como estímulo positivo, por el momento actual de la persona que busca cosas que el grupo no proporciona o porque otras áreas de la vida son deficitarias y por miedo a no verlas el grupo es la excusa perfecta tras la que ocultar estos acontecimientos dolorosos.

Autoconocimiento

Quien toma esta opción se quita la venda de los ojos y gana en capacidad panorámica para ver el entorno. Quien toma esta opción está harto/a de sufrir y siente que merece algo diferente (mejor) a lo que recibe actualmente en ese grupo. Quien toma esta opción es un/a valiente.

Trampa frecuente: buscar una aguja en un pajar

Quien se siente perdido dentro de un grupo necesita sentirse comprendido y busca puntos de vista sobre los que apoyarse. Paradójicamente una de las primeras acciones que realiza es una de las más inefectivas: pedir consejo a gente del propio grupo. La esperanza es encontrar dentro del grupo personas que perciban la situación igual que él/ella, sentirse de ese modo en compañía y encontrar un subgrupo de descarga para ahorrar energías frente al desgaste grupal diario.

Esta estrategia nace de una ilusión, ya que de salir bien es ideal para sentir que se tiene algo más de gasolina en el depósito y el viaje no es tan largo. Sin embargo, rara vez dentro un grupo se encuentra este tipo de apoyo ya que cada persona percibe la situación de un modo completamente diferente, cada miembro tiene distintas alianzas, filias y fobias dentro del grupo divididas en subgrupos de interés y, todo sea dicho, quien busca este feedback nunca habla de un modo claro en términos directos con quien es preguntado. Por todos estos motivos jamás se encuentra la información que se desea.

Esta soledad emocional incide en una autopercepción negativa. Literalmente se piensa: “Soy un bicho raro”, “Soy débil”, “Esto sólo me pasa a mí”, etc. y así comienza un proceso de autovaloración negativa que desgasta a nivel personal al miembro el grupo. Este desgaste sumado al que supone la propia pertenencia al grupo supone un doble castigo.

¿Por qué quien no puede salir del grupo se autocastiga?

Quien recibe un autocastigo se siente merecedor de él. Esta medida negativa que se aplica a sí mismo es la forma de darle sentido al entorno del grupo. Si se siente castigado por el grupo una forma de encajar y adaptarse a él es aceptar el castigo como algo que merece, por tanto, autocastigarse es algo que da sentido y ayuda a integrarse en una estructura de este tipo.

Maltrato

Seguramente te ha venido el siguiente flash: ¿No es éste mecanismo similar al que sufren algunas víctimas de maltrato? Muchas víctimas creen merecerse el castigo, defienden a su maltratador diciendo que lo ha hecho con motivo. Nuestra sociedad está mucho más instruida en condenar el maltrato físico y de género que otros tipos de maltrato igual de nocivos para el individuo. Por eso quien se siente maltratado por un grupo calla, aguanta, se desgasta hasta llegar al punto de despersonalizarse. Hace falta valor. Hace falta quererse. Hace falta creer en uno/a mismo/a. Los 3 primeros pasos del camino.

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