No vivas desde la Culpabilidad. Vive desde la Responsabilidad.

Culpabilidad

Si tienes hijos te aconsejo a viva voz que, por favor, no les eduques desde la culpabilidad. Si caes en este error estarás criando futuros adultos frustrados que sufrirán al creer que hay algo malo dentro de sí mismos. Ese lado oscuro intentarán a toda costa ocultarlo, por tanto, no lo integrarán. Sentirán toda su vida la necesidad de esconder esa parte de sí mismos que no es aceptada. Sentirán, en definitiva, que son malos y que tienen que actuar de un modo que parezca precisamente lo contrario. Quien tiene la constante necesidad de lavarse es quien siente que siempre está sucio. Quien siente la constante necesidad de hacer el bien es quien siente que si no lo hace es una mala persona, porque el mal anida en él.

En esencia todos somos puros. La pureza implica un equilibrio entre el bien y el mal. La culpabilidad te desequilibra y te obliga a elegir dicotómicamente: o el bien o el mal. Por el simple hecho de ser humano, en tu interior hay ambas. Por tanto, el buenismo es antinatural. Igual que el villanismo.

¿Por qué crees que alguien acaba haciendo el mal? Su deseo nace desde el dolor. De una profunda necesidad de equilibrar un daño sufrido con lo que ve a su alrededor. Por tanto, quien hiere a alguien es quien siente una herida abierta en su interior. Esa herida nace del dolor recibido. Tienes que verlo muy claro ahora: hasta quien es un villano fue en su día alguien bondadoso que sufrió hasta el extremo. Todos en esencia somos buenos y el mal comportamiento es una forma de procesar el dolor. Por tanto, si te impiden actuar mal te impiden sintonizar con tu daño y te dicen “entiérralo, haz como si no hubiera pasado, no hables de ello”. Te están faltando al respeto como ser humano. Te están diciendo que es más importante lo que parezca que lo que seas. Quien te diga esto tiene un bajo conocimiento de sí mismo y a su vez trata de sintonizar lo que siente dentro con lo que tiene alrededor criando personas ciegas con un bajo nivel de conocimiento personal.

¿Te das cuenta cómo, al final, todo se resume en tratar de encontrar la armonía? Cada persona solamente busca sintonizar su interior con el exterior. Por eso, aunque quien tengas delante se comporte como el o la mayor hijo de puta que hayas conocido jamás, lo único que te estará diciendo sin riesgo a equivocarte es que ha sufrido mucho y no sabe actuar de otro modo. Y eso es triste. Porque te habla de cuánto daño ha sufrido alguien. Y eso es una auténtica mierda cuando esa persona tiene que criar a otras personas porque no tiene las herramientas para hacerlo de un modo en el que el legado disfrute de salud emocional. Y, sobre todo, es injusto si culpas a esa persona, porque no le han enseñado a hacerlo de otro modo. Ni supieron hacerlo de otro modo sus antepasados. Muchas generaciones atrás ya eran incapaces de gestionar de un modo sano el legado y esa torpeza se ha ido replicando durante generaciones. Que algo haya sido de un modo determinado durante generaciones no implica que sea del modo en el que debiera ser o que sea algo sano.

Responsabilidad

Normalmente, tras generaciones de culpabilidad un miembro de ese sistema familiar rompe y llega a un nuevo estado de consciencia donde descubre el mecanismo tóxico que tiene instaurado su familia. A este punto no se llega fácilmente sino tras años de sufrimiento, de preguntas sobre por qué se siente mal constantemente, sobre por qué siente un maltrato generalizado, sobre por qué es infeliz y, sobre todo, por qué se le castiga por ser él o ella mismo/a.

Es en este punto cuando empieza el camino del autoconocimiento personal y por fin esta persona se da cuenta de que toda su vida ha cargado con la culpabilidad como alimento diario y que ya está agotado/a de portar esa carga. Es en ese momento cuando opta por la responsabilidad.

Para muchas personas culpabilidad y responsabilidad son términos sinónimos y no podrían ser, a nivel emocional, más distantes. Por ejemplo, la culpabilidad se basa en algunos puntos de soporte en que tú eres responsable del comportamiento propio y ajeno. Esta premia, como bien sabrás, es el fundamento de un rol tóxico: la interferencia. Desde la responsabilidad tú eres libre de dejar que cada persona haga lo que decida hacer y solamente eres responsable de tu propio comportamiento.

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