Roles tóxicos: el amigo “vendedor”

Seguro que alguna vez os habéis cruzado bien por trabajo o por amistades en común con aquel tipo de persona que yo llamo “el vendedor”. Muchas de estas personas trabajan de eso mismo, de vendedores, de representantes, no obstante, desprestigian este noble oficio por desarrollar este rol 24 horas al día. Su sonrisa y su excesiva capacidad de atención hacia su víctima (tú) son su seña de identidad.

Como toda labor que se hace constantemente, ésta pierde frescura y cada vez es menos creible y es aquí donde el amigo vendedor se dibuja perfectamente. Suele ser una persona con la que apenas tienes contacto, poco trato y con quien seguramente tienes poco de qué hablar. No obstante, esto no es impedimento para nuestro amigo, que te trata como si fueras uno más dentro de su grupo de amistades, siempre tiene un par de temas de conversación preparados para que entre vosotros no haya silencios incómodos y, lo más importante, te alaba, te alaba tanto que su exceso de elogios y devoción hacia tu persona te hace plantearte si ese tufo a falsedad que percibes realmente se huele o es fruto de tu desconfianza.

Si te planteas que esa incoherencia que te transmite el vendedor es fruto de tu desconfianza estás perdido porque esa será la vía a través de la cual el día que te pares a pensar verás que estás inmerso en relaciones sociales o laborales con el susodicho que son excesivamente íntimas para el feeling que te transmite esa persona. ¿Para el vendedor son incómodas o extrañas, al igual que para ti? Ni mucho menos. Para él es su trabajo, su lifestyle y tú eres uno más de sus súperamigos por interés.

Si habéis pasado por este tipo de situaciones con este personajillo sabréis que hay una solución perfecta para desarticular esta dinámica: pasar tiempo con él. La distancia es nuestro mayor enemigo porque aquí el vendedor juega sus bazas, sus papeles y recita sus líneas sin que nosotros apreciemos ese desgaste que implica ser día tras otro el mismo fantoche que no nos toca la fibra, que no alimenta nuestros sentimientos de pertenencia a un grupo y quien simplemente no es digno de nuestra confianza. No obstante, pasad dos días con él y veréis que lo que comienza siendo un personaje de grandes trazos acaba desdibujándose él solo y muestra su verdadera cara: aquella que no tiene nada que ver con nosotros.

¡Ahora sí te conozco “amigo” vendedor! Cartas arriba.

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