La palabra hablada y oída como medio para sentirte bien

Espejo

Durante toda mi vida he pensado en que la felicidad es lo más  importante en la vida. Sin embargo, según épocas, dependiendo de mi estado anímico, he visto la clave para lograrla en diferentes lugares.

Estando triste es fácil justificar la infelicidad como consecuencia de que los demás no hacen o me dan lo que necesito. En ese estado no soy dueño de mis recursos. No veo el panorama. Trato de justificar mi malestar proyectando lo malo a mi alrededor. La culpa, en definitiva, tiene que ser de los demás para que todas las piezas encajen.

Cuando estás bien la vida no es para nada oscura. Te sientes bien. En un brote de generosidad agradeces a las circunstancias, a la vida, a la suerte o a los demás que determinadas cosas hayan sucedido. En definitiva, te sientes dichoso y celebras esa felicidad consecuencia de que determinadas cosas han sucedido para bien. En ese momento, soy feliz porque veo todo de modo positivo. Las circunstancias que me rodean e interpreto como buenas son la excusa para que todo encaje.

La clave, lo difícil, lo que muchas veces va contra la naturaleza humana es nadar a contracorriente: ser positivo ante circunstancias que generan infelicidad.

Mi experiencia es que es difícil, muy difícil, lograr este reto solo si se plantea como algo que no comunicas con nadie. Si te comes la cabeza con la situación y no la sueltas por la boca con alguien presente el proceso te desgasta cada día más y te desdibuja. Conforme entras en la espiral es más complicado salir. Para salir tienes que tocar fondo, como dijo una buena amiga mía.

Si tienes un problema háblalo con quien quieras. Con un amigo, con un terapeuta, con un ser querido, con un familiar, con tu pareja, con tu compañero… con quien quieras. Pero háblalo. El poder de la palabra dicha y oída es terapéutico.

Una vez que dices algo, que sale por tus labios, esto cobra fuerza. Lo has dicho. Es un punto de partida. Es una línea de salida que marca el recorrido hacia la meta que tú desees.

Una vez que alguien te responde y llega a tus oídos, esa palabra te reconforta si te sientes comprendido, te conecta a una realidad a la que estabas herméticamente cerrado, te libera de la carga de sentirte la única persona del mundo que ve ese lado tan negativo de la vida.

Háblalo. Te lo digo por experiencia. Es lo que te va a hacer más bien.

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