La peor pareja posible: cuando sales con una niña (o un niño) emocional en vez de un adulto

Lo peor que puede pasarle a un hombre es darse cuenta de que no está saliendo con una mujer, sino con una niña emocional. Y esto también les sucede a muchas mujeres: descubren que al otro lado no hay un hombre, sino alguien inmaduro.

Cuando en una relación hay inmadurez emocional, la pareja se vuelve imposible. Es como si al café solo le echas una gotita de leche: ya no es café, se convierte en café con leche. Si uno de los dos es inmaduro, toda la relación se vuelve inmadura porque no hay de dónde sacar madurez.

La parte más madura de la pareja termina poniendo “el plus”. Automáticamente deja de ser una relación entre iguales: aparece la figura del papá o la mamá y la del niño o la niña. Y eso es un desastre para los dos.

Nadie lleva un letrero en la frente que diga “Soy maduro” o “Soy inmaduro”. La madurez es algo subjetivo. La única forma real de medirla es la vida: cuando las cosas se ponen complicadas, ¿aprietas los dientes y das un paso adelante hasta salir del problema, o empiezas a pedir ayuda sin ni siquiera intentarlo por ti mismo?

Si cuando las dificultades llegan te conviertes en un lastre que pide auxilio constantemente, vives en el victimismo y careces de disciplina, probablemente seas una carga emocional para tu pareja. Y los niños emocionales no crecen con el tiempo: a los 30, 40, 50 o 60 años siguen actuando igual.

En los hombres, la inmadurez se nota especialmente en la dependencia emocional. En vez de ser un soporte, se convierten en dependientes. Sus parejas terminan diciendo “parezco tu madre”. Evitan la responsabilidad, esconden la cabeza ante los problemas y viven como víctimas.

En las mujeres, la inmadurez emocional se manifiesta en cambios de humor constantes, inestabilidad emocional y manipulación (a veces consciente, otras inconsciente). En lugar de pedir las cosas directamente como un adulto, actúan como niñas para conseguir lo que quieren. No quieren rendir cuentas por sus acciones y tienen expectativas infantiles como “ojalá encuentre un amor que me complemente”.

Esa idea de que alguien venga a completarte es propia de niños. Si esperas que otra persona te dé lo que tú no te has dado, te estás poniendo en pausa. Lo sano es buscar a alguien que esté a tu mismo nivel y que te motive a seguir creciendo.

Si continuamente atraes parejas inmaduras, es momento de hacer una reflexión muy honesta: ¿en qué nivel de madurez estás tú? Muchas veces, la persona que se queja de “mala suerte” con las parejas también está operando desde la inmadurez. Si aceptas o intentas cambiar a alguien infantil, es porque tú también estás en ese mismo nivel.

Para que una relación funcione de verdad tiene que haber polaridad: una energía masculina y una energía femenina equilibrada. Alguien que ponga el marco y alguien que pueda confiar y aceptarlo. Sin eso solo hay anarquía emocional.

Si eliges a alguien que puedes “dominar” o que te ve como un niño, es porque crees que no das la talla para una persona realmente madura. Cambia eso.

Llegó el momento de dejar de solo ver vídeos y empezar a actuar. La madurez emocional se construye tomando responsabilidad, afrontando los problemas y cambiando tu mentalidad desde dentro.

Cuando te conviertes en un diamante, dejas de atraer basura y empiezas a conectar con personas que están a tu nivel.

¿Dónde te ubicas tú ahora mismo? Sé brutalmente honesto contigo. Esa reflexión es el primer paso para romper el ciclo y construir relaciones sanas, maduras y realmente satisfactorias.

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