Madurarás cuando critiques

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Defiende tus ideas, caiga quien caiga
Increíble que un país pueda estar gobernado por un individuo con estos principios. ¿Acaso no ha desarrollado un punto de vista crítico? Más bien no tiene sentido de la justicia y de la ética

El artículo de hoy quiero dedicarlo a recoger las palabras de un hombre muy sabio. Su sabiduría parte de lo mucho que ha vivido y de lo mucho que ha ayudado a otras personas, empezando por sí mismo. Hay quien dice que los psicólogos están locos y creo que tiene su parte de verdad. La verdad reside en que nosotros trabajamos sobre nuestros propios problemas para poder ayudar a los demás. Si no eres paciente, no puedes ser terapeuta y el afán por trabajar en las propias limitaciones te hace mejor terapeuta para otras personas. Tal vez no seas el terapeuta ideal para ti mismo/a porque la objetividad aquí no existe, pero sí gana en calidad tu trabajo de cara a los demás.

No quiero irme por las ramas porque quiero dedicar conceptos e ideas para otros artículos, así que me voy a centrar en aquello que tenía en mente cuando elaboré el título de este artículo. Madurarás cuando critiques. Hay mucha formas de tomar esta afirmación y he aquí la que tomé como modelo para formularla.

De pequeños no tenemos un criterio de lo que es bueno o malo para nosotros. Miento. Sí lo tenemos, pero se limita sólo al plano físico o fisiológico. Está claro que un bebé desde que nace llora ante el azote del médico que le ayuda a venir a este mundo, que siente el frío si le pones un cubito de hielo sobre su pie y que siente el cariño de sus padres cuando recibe sus primeros besos. Eso no lo ponemos en duda. Lo que digo es que desde pequeños no tenemos un sentido crítico de lo que es bueno o malo para nosotros. No sé si alguien me está haciendo bien con sus actos o me está condenando a algo malo que me costará controlar en un futuro. Esto se ve muy claramente en las madres primerizas que sobrealimentan a sus hijos o sobremedican, por miedo a que sea alguien débil y enfermizo. En ese momento el niño carece de sentido crítico y de decisión porque es un bebé y los padres creen que ese es el comportamiento más adecuado porque se guían por el instinto de protección. Tal vez estén condenando a ese hijo a luchar en su adultez contra la obesidad o contra una dependencia de medicamentos por hábitos creados y promovidos durante la infancia, pero para los padres eso es algo en lo que no piensan porque ante todo están protegiendo a su pequeño.

Este es un error en el que caeremos todos cuando seamos padres o hemos caído si es que ya lo hemos sido. Ahora bien, pongámonos en la piel del hijo. Ese hijo se dará cuenta algún día de que lo que hicieron sus padres era bueno o malo. No hablo de que se enfade con los padres, algo tan común en la adolescencia, sino de que verdaderamente vea por su experiencia que aquello que hicieron con él sus padres (o que hizo él mismo, no exculpemos al hijo de sus propios errores) ha provocado un problema a largo plazo.

Es en esta fase donde comienza la maduración. El cúmulo de experiencias proporciona una guía sobre la que basar el desarrollo. Sabes qué hacer porque anteriormente un comportamiento te dio un resultado positivo (y entonces tenderás a repetirlo) o negativo (lo evitarás a toda costa). Esto lo define la ley del efecto de Thorndike y se cumple. Sino, basta tan solo con ver cómo alguien que se quedó atrapado en un ascensor prefiere subir 10 pisos en lugar de emplear la cabina en la que se quedó encerrado.

¿Por qué digo que cuando criticas maduras? Porque comenzamos idealizando todo por nuestra inexperiencia. ¡Bendita inocencia! Progresivamente esta inocencia/ignorancia/inexperiencia decae en favor de guiones personales de relaciones entre acto – consecuencia que nos guían y en última instancia, desarrollamos el sentido crítico hacia los demás. Esto sucede en una muy última instancia que yo llamo el “proceso madurativo adulto”. Se caracteriza porque sabes ver lo bueno y lo malo de los actos de las demás personas que te rodean. Anteriormente, sobre todo en la adolescencia, los adolescentes identifican conductas en otros y los critican o apoyan en sus comportamientos. Aquí no hay sentido crítico, sino sentimiento de pertenencia a un grupo u otro por afinidad o exclusión. ¿Véis la diferencia?

En la adultez el rasgo definitorio de este proceso crítico es aceptar a las personas. ¿Qué incluye aceptar? Ni más ni menos que saber qué son capaces de hacer, incluyendo lo mejor y lo peor. Para ser más específicos: un hijo aceptará a su padre dentro de un proceso de maduración adulto cuando sepa que su padre no es el hombre más fuerte del mundo (como pensaba cuando era niño) sino un hombre que ha cometido errores en su vida en varias áreas, que ha tenido aciertos y que tiene a diario muchas cosas positivas y otras tantas negativas. ¿Por qué pongo el ejemplo con el padre? Porque es la criba en el proceso madurativo. Cuando un hijo consigue mirar a su padre a los ojos y saber “de qué pie cojea” aceptándolo y, sobre todo, honrándole como padre que es, podrá decir que está madurando.

Retomando la introducción de este artículo, como decía el hombre sabio que os comentaba: “Madurar consiste en aceptar que los padres son unos gilipollas en muchas cosas, unos mierdas en unas y muy buenos en otras”. La verdad se puede poner de gala y parecer menos brusca, pero creo que esta definición no deja de ser real en ningún momento.

Un saludo.

Entrada patrocinada por: Tienda de Psicología

  

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3 Comentarios

  1. es un tema bastante interesante para comentarlo en familia, ya que como padres creemos que tenemos todo el derecho de criticar a nuestros hijos y que ellos no deben de responder ni una palabra, imaginamos que como aun no tienen experiacia cosa que nos equivocamos de principio, en esta parte es bueno criticarlos pero que tambien tengan su buen derecho de replica solo asi le damos un poco la libertad de sentirse adulto.

  2. jajaja, entonces estoy madurando, yeah! LOL muy interesante la entrada.

    1. Me alegro de que te haya gustado, Paulina. Gracias por tu comentario. Un saludo.

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