El dolor y su superación como parte de nuestra vida

Estamos destinados a enfrentarnos al dolor como parte de nuestro proceso vital y madurativo. El transcurso de los años nos va enfrentando a pérdidas de seres queridos que no por esperadas son menos dolorosas a nivel emocional. Del mismo modo, nuestra integración en distintos grupos nos expone a vivir relaciones de amistad y sentimentales que nos provocan dolor como ingrediente esporádico de las mismas o en su desenlace.

El dolor es un ingrediente habitual en la vida y a la vez un indicador necesario para que podamos discernir nuestros buenos momentos de los malos.

Tomando el dolor como un mal necesario del que sacamos valiosas lecciones podemos reconstruir a partir de él en momentos de adversidad para resultar fortalecidos.

¿Cómo nos alcanza el dolor?

  • Decepciones

  • Infelicidad

  • Pérdida de un ser querido

  • Soledad y aislamiento

  • Cambios inesperados en nuestra vida

  • Enfrentamientos

  • Fracasos

  • Complejo de inferioridad

  • Falta de apoyo en amistades y seres queridos

  • Rupturas sentimentales

  • Problemas con seres queridos

  • Problemas de la vida diaria

Un reto continuo en nuestra vida

Este proceso de afrontamiento del dolor supone una prueba a nuestros recursos y a nuestra estabilidad vital. Es inevitable desgastarnos para superar el dolor sufrido, no obstante, eso no significa que debamos estar estancados en el dolor más tiempo del necesario.

Por cuestiones evolutivas, a modo de supervivencia, las personas somos capaces de superar cualquier situación o, en su defecto, compensarla para poder seguir adelante. Este proceso en situaciones provoca puntos de inflexión en una vida, obstáculos que parecen insalvables para quien los percibe.

Muchas son las personas que por desgracia se enfrentan a este tipo de procesos sin ningún tipo de apoyo familiar, sentimental o de amistades, con lo cual en lugar de superar se dedican a aguantar y acumular dolor emocional. Este proceso cambia a la persona y la torna en alguien que hace de la defensa frente al dolor su rasgo definitorio. Deja de ser para pasar a defenderse.

Otras personas sí cuentan con estas figuras en su entorno aunque no son apoyos reales, ya que no prestan la función de soporte que la persona necesita por falta de empatía, comunicación o porque la ayuda de esa persona no es considerada como una opción realmente válida.

 

Salir reforzado/a

Es en este contexto donde la atención profesional se convierte en una herramienta que cubre una necesidad a través del acompañamiento y la facilitación de superar ese período de dolor emocional lo antes posible de un modo sano y beneficioso para quien lo vive.

 

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